EL DERROCHE ELECTORAL EN PUERTO RICO
Los reclamos de la Ciudadania y las Iglesias de Puerto Rico para que se contenga el derroche de los recursos en esta campaña política interpretan, realmente, un clamor generalizado de la población que se siente burlada y ofendida.
Burlada, porque mientras se distraen fondos del erario y de particulares como los de los Fonalledas, los Ferre Rangel, etc. para campañas políticas de Luis Fortuno, las funciones del Estado destinadas a aliviar los grandes males nacionales lucen descuidadas y del poco interés para quienes se les confió buscarles solución. Y ofendida, porque ese derroche es una afrenta ante la pobreza extrema de casi la mitad de la población de la que se mofan con dádivas desmoralizantes.
Todos los sectores religiosos y de moral, se pronunciaron en el mismo tenor durante el sermón de las Siete Palabras el pasado Viernes Santo de la pasada semana santa. Ya antes, frase importante de Puerto Rico, habían definido como “feo, penoso y denigrante” el abuso que se hace en esta campaña política de los recursos públicos para la compra de dirigentes politicos de ambos partidos especialmente del bando Fortuñista.
La situación está llegando a extremos que nunca antes fueron vistos en esta sociedad.
Es imposible que las instituciones nacionales encargadas de vigilar estos procesos y la sociedad misma permitan que esto continúe sin intentar contenerlo. De lo contrario esta campaña política estaría abriendo una ruta que podría desembocar en sorpresas desagradables para el sistema democrático Puertorriqueño.
Estamos a tiempo para iniciar un proceso de rectificación y reflexionar sobre cuánto daño pueden producir estas acciones.
Hay que ser más que descarados para quedarse sin hacer nada.