LOS PARTIDOS PUERTORRIQUEÑOS Y LOS POLITIQUEROS
Por José Cheo Cruz
Ya sabemos de lo que es capaz de suceder en Puerto Rico, pais donde el votante en un acto de imprevisión política atenta contra su propio destino. Y es que la mayoría de las veces tiene que enfrentarse con una papeleta electoral cargada de personajes que han vivido en truculencias de todo tipo; en mejor estilo: restándole dignidad a la política.
Todo porque el Puertorriqueño, proverbialmente hablando, es olvidadizo.
En este contexto de lo que podemos estar seguros es que ningún partido esté o no en el gobierno va a encabezar una jornada cívica que garantice un alto compromiso en la promoción de los valores ciudadanos. Ninguno de los partidos persigue objetivos políticos definidos por vía de una estructura institucional exclusivamente. Vivimos en una verdadera suma de franquicias.
Por eso surgen muchísimos movimientos y grupos de apoyo a candidatos sin conocer las maquinarias partidarias, ni programas, ni siquiera la conducta de a quien defender, se organizan en los procesos electorales, y ¡vaya deformación!, encuentran eco con la participación de mucha gente para la campaña. No importa que nuestra razón se rebele contra esta realidad increíble, pero el clientelismo en la política Puertorriqueña será difícil de erradicar. Los propios organismos de la “sociedad civil” que se identifican con los correctivos de estas desviaciones, se entrecruzan entre las complicidades y la seriedad de propósitos.
Como suele decirse, los hechos no necesitan ser demostrados, y es un hecho que cuando se está en el gobierno y quiere repetirse no le queda más camino que tutelarse de una buena adherencia, por la sencilla razón de que por no hacerlo terminaría sacrificando su propia sustentación. ¡Verdad irrefutable!
Con tan alta carga de insatisfacciones acumuladas y la solución de los problemas que le acosan retardados, es indudable que la oposición ganaría sus favores, no importa con el grado de indecencia política con el que haya dejado el poder; no importa la forma apestosa, siempre habrá la manera de validarse amparándose, incluso, en el contenido de críticas muchas veces justas y válidas de sectores importantes, cuyas consecuencias le benefician aun sus buenos propósitos e intenciones.
El Gobierno “no debe esperar que truene para acordarse de Santa Bárbara”, y como quiere salir airoso tiene que valerse, además de una buena interlocución con estos sectores, específicamente curas, pastores protestantes y líderes rurales, para no abrirle paso a descalificados, que pescan en estas tormentas iluminadas por el impulso de rebeldía eclesial al desbalance social imperante. Como nadie niega en esta sociedad que los partidos políticos han perdido sus históricas siglas y que solo le queda la “P” que es la conexión con el Presupuesto, el clientelismo será considerado una alianza irrenunciable del partidarismo Puertorriqueño, del cual no se salvan ni siquiera los desventurados damnificados usados para crear situaciones electoreras.
Por tanto, arrimen las ayudas sociales a quienes han decidido no delegar las soluciones de sus problemas en políticos improvisados. Por suerte para la Isla, el “candidato corporativo” que lucha por la resurrección no puede evitar que los Puertorriqueños conozcan el hondo vacío y las víctimas de las negligencias y olvidos descomunales de su partido cuando está en el poder, y que no sabrá más que repetir las recetas fracasadas de sus compañeros anteriores, ahora ya no hay lealtades a nadie. Ya no hay idiologia, ahora lo que importa es su curul para sus bolsillos, Fortuño ganó con los votos de mas de cien mil Populares que no se sabe si va para algun lado ya veremos con nosotros no se juega y no votaremos por ese rufian .