PARA PODER DORMIR BIEN Y SER FELIZ

La clave de la felicidad reside en el optimismo y este a su vez consiste en una manera limpia y positiva de afrontar la vida.

El buen vivir es un reflejo de una interioridad limpia pletorita en sanos deseos de compartir bondades con parabienes y desear lo mejor para todos en un marco de sinceridad y sano juicio.

Lo realmente importante más allá de las apariencias, es estar conforme con uno mismo, sabiendo que lo hecho esta regido por la integridad, valorar la dignidad respetando la de los demás y desear lo mejor para cada quien como una forma de vivir conforme y en paz.

Perdonar después de todo a quien se hace acreedor de esta gracia, es darle un voto de confianza a la humanidad toda, sin caer en la humillación y el desencaje.

La verdadera justicia es la divina y comienza con no esperar condenas que satisfagan falsos orgullos y te enturbien el corazón.

El único coraje aceptable es el moral y la única ética posible más allá de la particular es la generalmente aceptable. La venganza amarga tu interior y reniega de la indulgencia atributo principal de una humildad que en términos de realización es indispensable. En todo caso, para ser feliz hay que ser veraz, porque la verdad siempre se impone.

La verdad no necesita de más abogados que de su propia virtud. No hay arma más poderosa que la buena voluntad que despeja horizontes borrascosos y malas intenciones.

El daño, la intriga, la mentira, la insidia y la falsedad no prevalecen, la buena intención y la limpieza de espíritu tarde o temprano ganan siempre la partida. Los iguales se buscan y se protegen.

Sin embargo, la indiferencia ante la iniquidad es de alguna forma complicidad velada. El que se solaza y se divierte en la travesura peca de travieso y yerra al pensar que algún día no sentirá sus efectos.

Lo mejor es seguir adelante, luchar con mano limpia, sin barajas ocultas en la manga, sin sorpresas desagradables, andar el camino con la seguridad de la integridad a cada paso.