Todo humano, no me es ajeno
Hoy, en este mismo momento desearía que cada cual revise su hoja de vida, reflexione sobre el valor y el coraje de vivir sin ser infiel a su conciencia. Pero también, que busque en el baúl de su historia personal si de verdad se vive de forma transparente y armoniosa en cada espacio social, familiar, pareja, hijos, hermanos, amigos, etcétera.
Y, más aún, testimoniarse a sí mismo si en la búsqueda del existir no hay una escalera de trampas, engaños, mentiras, odio, envidia, celos y conductas disonantes con la condición humana.
Recuerden que no es lo mismo movilizarse por las carencias que dar pasos impulsados por las motivaciones; las carencias suelen no detenerse ni con los límites, mientras las motivaciones generan propósitos hacia el bien común.
Hay que vivir con beneficencia en la piel y en la razón, sin esperar que el tumor nos despierte. Hay que luchar por la felicidad, pero una vez alcanzada busque derramarla en otros porque de lo contrario se queda en el simplismo del “ego”.
Pero sobre todo, recuerden que no es posible ser feliz, odiando, ni sosteniendo resentimiento, ni alcanzando metas acumulando cadáver. El hombre y la mujer que desean vivir, tienen que hacerlo con dignidad, con honor, con la identidad asumida, sin relativizar la vergüenza y sin temer a Dios.
Ya que se puede acomodar los sueños pero no la conciencia, parecer al que se quiere, pero vivir sin quien se es, y eso, es pura miseria humana.
Una sabia verdad es aprender a vivir entre el estado de su conciencia y la referencia de los valores asumidos, y a través de ellos, armonizar de forma equilibrada con el entorno social.